Droga spice

Droga spice: la hierba falsa que imita al cannabis y no se le parece

Pescao. K2. Hardcore. Hierba falsa. Yucatán Fire. Ninguna de estas palabras designa una sustancia. Designan bolsas, envoltorios y etiquetas que cambian de un mercado a otro, y dentro de ellas puede haber compuestos distintos, o el mismo compuesto en una concentración muy distinta, de un lote al siguiente.

Ese es el primer problema de la droga spice: no es una cosa. Es un nombre.

Qué es la droga spice: un nombre que sobrevivió a sus moléculas

La droga spice debe su nombre a uno de los primeros productos vendidos en Europa, en 2004, como sustituto del cannabis. Con los años, «droga spice» se ha quedado como paraguas de una familia enorme de compuestos. Era una mezcla de hierbas secas que se fumaba y que no llevaba marihuana ni tabaco, sino cannabinoides fabricados en laboratorio, en su mayoría de la familia de los JWH. Con los años, el nombre se ha quedado como paraguas de una familia enorme de compuestos que actúan sobre los mismos receptores cerebrales que el THC, el principal ingrediente psicoactivo del cannabis.

Que actúen sobre los mismos receptores no significa que produzcan el mismo efecto. El THC se comporta como un agonista parcial de esos receptores, mientras que muchos cannabinoides sintéticos los activan con más intensidad. De algunos basta una cantidad diminuta de polvo para provocar efectos potentes. Y como se pulverizan sobre el material vegetal sin precisión, dos caladas del mismo paquete pueden no parecerse.

Además, estos compuestos cambian. En julio de 2021, China aplicó un control genérico sobre este tipo de sustancias, y el suministro a Europa de casi todos los cannabinoides sintéticos conocidos se interrumpió. El mercado no desapareció, sino que se movió. Solo en 2024, los países europeos identificaron 20 nuevos cannabinoides, 18 de ellos semisintéticos, es decir, derivados de cannabinoides naturales modificados químicamente. A finales de 2025 ya eran 40 los semisintéticos detectados en los mercados europeos. Y el formato también se transforma: gominolas, líquidos para vapear, productos que no tienen aspecto de droga.

Por eso la palabra «nueva» le queda a la vez corta y grande. La droga spice lleva más de veinte años entre nosotros, pero cada pocos meses aparece una versión que no se parece a la anterior.

La droga spice en Cataluña: lo que sabemos

Los datos sanitarios disponibles apuntan sobre todo a Barcelona. El Hospital Clínic atendió en 2024 un total de 24 intoxicaciones confirmadas por golosinas de cannabis con cannabinoides sintéticos, el doble que dos años antes. Su responsable de toxicología describe el fenómeno de las intoxicaciones por nuevas sustancias como un problema sanitario en aumento. El Sistema Español de Alerta Temprana, por su parte, recogió ese mismo año 14 notificaciones de personas intoxicadas por gominolas con cannabinoides sintéticos en Barcelona y Madrid, presuntamente HHC y THCP.

Conviene ser precisos: buena parte de esos casos no son el spice clásico fumado, sino comestibles. Pero cuentan la misma historia. Alguien cree consumir algo conocido, un caramelo o un porro, y recibe otra cosa. Con un comestible, además, el efecto tarda en aparecer y eso dificulta ajustar la dosis. Los toxicólogos advierten de que pueden provocar una sobredosis en personas no habituadas.

Droga spice

El espejo roto del cannabis

Marihuana sintética» es la etiqueta más extendida para la droga spice, y es la más engañosa. Sugiere una hierba con un barniz de laboratorio, algo que uno ya sabe cómo tratar. Pero la experiencia con el original no se traslada a la copia.

Los efectos descritos en la literatura médica incluyen agitación intensa, alucinaciones, taquicardia, hipertensión, sudoración y convulsiones, y en casos graves vómitos, hipertermia y daño renal. Se han notificado intoxicaciones graves e incluso mortales. Algunos cuadros psicóticos, según los manuales clínicos, pueden ser irreversibles. Entre los daños que citan las fuentes sanitarias figura también la dependencia.

A ello se suma algo que ninguna etiqueta advierte: los productos vendidos en el mercado negro como cannabis pueden estar adulterados con cannabinoides sintéticos potentes sin que quien los consume lo sepa. Buena parte del riesgo está en no saber qué se está tomando.

¿Por qué alguien elige la droga spice?

Es la pregunta más incómoda, porque las respuestas más habituales no tienen que ver con el placer. La prevalencia general es baja, pero mucho más alta en cárceles y entre personas policonsumidoras, y los organismos europeos señalan como especialmente afectadas a las poblaciones vulnerables, como las personas internas en centros penitenciarios o sin hogar. Según las guías divulgativas, quien puede elegir suele preferir el cannabis natural. El spice se elige por precio, por acceso, o porque no suele aparecer en los análisis de orina habituales.

Aquí puede servir una idea de la neurociencia que se aplica al resto de las adicciones.

A finales de los años ochenta, los psicólogos Kent Berridge y Terry Robinson, de la Universidad de Michigan, redujeron casi por completo la dopamina en el cerebro de unas ratas. Esperaban que dejaran de sentir placer, porque entonces se creía que la dopamina era la molécula del placer. Sucedió otra cosa. Cuando se les ponía azúcar en la boca, las ratas mostraban reacciones de disfrute completamente normales. Lo que habían perdido era la iniciativa: ya no buscaban ni tomaban la comida por sí mismas. Podían disfrutar, pero habían dejado de querer.

Los autores concluyeron que el cerebro maneja dos procesos distintos que el lenguaje mezcla. El querer es la fuerza que empuja hacia algo, y depende sobre todo de la dopamina. El disfrutar es el placer al tenerlo, y no depende de ella. Además, el sistema del querer es amplio y robusto, mientras que las zonas que generan placer intenso son pequeñas y frágiles. Según su teoría de la sensibilización del incentivo, en personas vulnerables el consumo repetido de ciertas drogas puede volver hiperreactivo el querer ante las señales asociadas al consumo, sin que el placer aumente, e incluso mientras disminuye. Ese querer amplificado puede persistir años. También explican por qué no todo el mundo cae: solo alrededor del 30 % de quienes consumen cocaína llegan a hacerlo de forma adictiva.

Conviene ser honestos con el alcance de esta idea. Se formuló a partir de drogas como la cocaína, la anfetamina, la heroína, el alcohol o la nicotina, y no he encontrado trabajos que la hayan comprobado para los cannabinoides sintéticos. Es una lente y no un hallazgo sobre el spice. Pero permite plantear una hipótesis sugerente. Si muchas personas llegan a esta sustancia por motivos que poco tienen que ver con disfrutarla, como el coste, la disponibilidad, un control de orina o un encierro, entonces hablamos de un consumo empujado por el contexto y las señales más que por el placer. Y ese es precisamente el terreno en el que, según Berridge y Robinson, querer y disfrutar pueden separarse.

Qué hacer, y cuándo no esperar

Si alguien ha consumido droga spice o un comestible con cannabinoides sintéticos y presenta agitación intensa, alucinaciones, palpitaciones fuertes, sudoración profusa, vómitos persistentes o convulsiones, no es momento de esperar a ver cómo evoluciona. Hay que buscar atención médica urgente y no minimizar los síntomas. El tratamiento de una intoxicación es sintomático, y cuanto antes empiece, mejor.

Para quien consume, conviene saber que servicios de reducción de daños como Energy Control publican alertas sobre sustancias adulteradas o distintas de lo que se vende. Y si el consumo ya se ha vuelto algo de lo que cuesta salir, o si quien lo sufre es alguien cercano, pedir ayuda profesional es una decisión razonable y no una derrota.

Lo que no cambia

Volvamos a los nombres: pescao, K2, hardcore, hierba falsa. En veinte años han cambiado las moléculas, los formatos, los países que las producen, las normas que intentan frenarlas. Lo único que ha permanecido es la palabra, y con ella, algo más humano: alguien que busca algo, ya sea alivio, olvido, no dar positivo, pertenecer, y lo busca en una bolsa cuyo contenido nadie conoce.

Quizá por eso la pregunta que deja la droga spice no sea qué lleva dentro. Es qué estamos dispuestos a no saber con tal de conseguir lo que queremos.

 

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